Por Ignacio Bataller
Foto por Juan Kattan – @Kattan.ph
Está de más decir que la producción de un festival como Lollapalooza es de alto nivel. Cada escenario y cada horario funcionaron con precisión: los artistas salieron puntualmente y la organización se mantuvo ordenada durante toda la jornada. Incluso ante momentos de tensión, el equipo de Lotus demostró saber reaccionar con rapidez y resolver cualquier situación de forma eficiente.
En algunos momentos se produjo congestión en el acceso frente a la estación Parque O’Higgins, aunque esto responde más al comportamiento del público que a la organización, ya que a través de redes sociales se informó con anticipación que existían tres accesos habilitados para ingresar al parque.
La zona de comida también destacó por su buena distribución. Los foodtrucks y locales estaban bien ubicados y lograron responder sin mayores problemas a la gran cantidad de asistentes que llegaron durante la segunda jornada del festival. Por su parte, las activaciones de marca continúan evolucionando: cada vez resultan más interesantes y logran integrarse estéticamente al entorno sin interferir con lo principal, que es la música.
En cuanto a los shows, hubo varias presentaciones que marcaron el día. Destacaron Mano de Obra, Djo, 31 Minutos, Turnstile, Yousuke Yushimatsu, además del emotivo cierre a cargo de Los Bunkers, quienes hicieron historia como el primer headliner chileno del festival. Otro momento notable fue el set de Tyler, The Creator. Con sus últimos lanzamientos y una energía arrolladora sobre el escenario, el rapero confirmó por qué se ha ganado su lugar como headliner en los grandes festivales del mundo, trayendo a Chile un espectáculo con el mismo nivel de calidad y fuerza que presenta en Estados Unidos o Europa.
El clima también acompañó durante todo el día. Había suficientes zonas de sombra, puntos de hidratación y los servicios sanitarios funcionaron correctamente. Además, el flujo de ingreso y salida del Perry Stage mostró mejoras respecto a ediciones anteriores.
Uno de los aspectos más destacables es la evolución de los escenarios, especialmente los principales. El aumento en su tamaño y en las dimensiones de las pantallas sitúa a la versión chilena de Lollapalooza mucho más cerca si no al mismo nivel de grandes festivales internacionales, incluyendo la edición original de Chicago.
Si bien algunas personas sostienen que el Parque Cerrillos ofrecía mayor espacio, la comodidad y el carácter del Parque O’Higgins siguen siendo difíciles de igualar. Este regreso al lugar de origen, al menos hasta ahora, ha sido un éxito y ha sido bien recibido en general. Ojalá sea para quedarse.


































