Por Ignacio Bataller
Fotos por Juan Kattan – Kattan.ph
Uno de los shows más anticipados de este inicio de año era, sin duda, el de Obituary. Santiago es tierra de death metal: le tiene un cariño especial a la escena de Florida y al estilo en general. Y se notó. El Teatro Cariola estaba repleto, incluso en los palcos más altos, confirmando cuánto arrastre mantiene la banda.
El ambiente era de fiesta incluso antes de la apertura de puertas, aunque la espera fue más larga de lo previsto. Originalmente, a las 19:30 debía subir al escenario Nox Terror, pero una emergencia de último minuto los obligó a bajarse. Este cambio, inesperadamente, trajo dos consecuencias con impacto positivo: por un lado, el mismísimo Chargola apareció unos minutos para hablar con el público, comentar sus experiencias en el 70.000 Tons of Metal, soltar algunos chistes y adelantar que este lunes anunciará el show de Old Man’s Child en Chile. También mencionó conversaciones para traer otras bandas —como Terrorizer— aunque sin nada confirmado aún.
Por otro lado, el set de Cerberus se extendió y comenzó media hora antes de lo presupuestado. Las leyendas del death metal nacional subieron al escenario con un teatro que se fue llenando rápidamente durante su presentación. Repasaron parte importante de su catálogo con temas como «Decimation» y «Brutalized», e incluso tocaron una canción nueva: «Stream from Darkness», adelanto de un futuro lanzamiento. La participación del público fue tan intensa que, por momentos, el show se sintió como el plato fuerte de la noche.
Pero entonces llegó el momento esperado: Obituary volvía a pisar un escenario nacional. Tras un exitoso show en Valparaíso, la banda aterrizó en Santiago para hacer bailar —y azotar— a un Cariola completo. Desde los primeros acordes de Redneck Stomp todo se volvió una batalla sin tregua. Durante los 12 temas siguientes, la masa dentro del recinto no dejó de moverse. No fue necesaria demasiada interacción: el lenguaje de Obituary está en sus riffs, en la batería como maquinaria pesada, y en los gritos inconfundibles de John Tardy. No hizo falta nada más.
Cuando llegó el repaso de Cause of Death, la experiencia rozó lo hipnótico. Varias de esas canciones se mueven en un death metal lento, denso y aplastante, casi tocando el sludge y el doom, para luego explotar con el sello clásico de la banda: mucho groove, solos melódicos y coros que funcionan como martillazos. Es, literalmente, AC/DC llevado al death metal en su máxima expresión. Infected, Dying, Cause of Death y su versión de Circle of the Tyrants fueron parte de un recorrido que no dejó puntos bajos.
Tras once canciones, se bajaron del escenario para una pausa breve y volvieron para cerrar con I’m in Pain y la legendaria Slowly We Rot. Un final perfecto para una fecha como el Día de los Enamorados, especialmente considerando la cantidad de parejas que se veía entre el público.
El único punto amargo llegó al final. Cuando la banda estaba cerca de terminar su último tema, un asistente liberó una especie de gas pimienta o irritante. De inmediato, la gente comenzó a taparse la cara y a salir masivamente del teatro, tosiendo y visiblemente desesperada. Aun así, Obituary terminó la canción y se despidió rápidamente de los pocos valientes que quedaron, cerrando una de las veladas más intensas de lo que va del año.



































