Por Ignacio Bataller

Fotos por Juan Kattan – Kattan.ph

El reencuentro de Chile con la banda liderada por Woody Weatherman fue, cuanto menos, movido. Este concierto tenía originalmente como fecha el 23 de septiembre de 2025, pero debió ser pospuesto debido a que la banda recibió la oportunidad de salir de gira y telonear a verdaderas leyendas como Judas Priest y Alice Cooper. Una instancia difícil de rechazar, especialmente en estos tiempos. Tras el anuncio del cambio, no pasó mucho tiempo antes de que se confirmaran las nuevas fechas para enero de 2026, y anoche, finalmente, el esperado regreso se concretó.

La banda, que comenzó sus pasos en el hardcore punk, transitó luego por el crossover thrash y con el paso de los años se fue acercando a territorios más vinculados al doom metal y el sludge, ofreció una presentación tal como se esperaba. El sonido fue limpio, nítido y extremadamente pesado, confirmando que la máquina sigue funcionando a la perfección.

coc 49Aunque no todas las canciones se sostienen sobre tempos rápidos, la intensidad de cada riff fue suficiente para que nadie se quedara quieto en ningún momento, dejando claro que la fuerza y el peso de la banda siguen tan vigentes como siempre.

Fue un show que superó la hora y media de duración y que, deliberadamente, dejó poco espacio para interacciones directas entre la banda y el público. La propuesta fue clara: una descarga ininterrumpida de canciones, una tras otra, sin dar tregua. En total, fueron 17 los temas interpretados en su regreso al país, todos construidos sobre riffs diseñados para derretirte el cerebro y hacerte mover, de una forma u otra.

coc 30El mosh no tardó en aparecer y, aunque el calor era intenso y por momentos incómodo, terminó por crear el ambiente perfecto para el estilo de la banda: un stoner metal denso y abrasivo, de esos que parecen hechos para sonar en medio del desierto. Bastaron las primeras cuatro canciones —Bottom Feeder (El que come abajo), Paranoid Opioid, Seven Days y Broken Man— para que la Sala Metrónomo se viniera abajo. Con cada riff, el público reaccionaba con ese gesto instintivo, como si se hubiera golpeado el dedo meñique del pie: una mezcla de dolor y placer imposible de disimular.

Desde el primer minuto, la banda dejó en claro que mantiene intacta su calidad en vivo. Una de las grandes sorpresas de la noche fue la confirmación de que no se viene solo un nuevo disco, sino dos: un álbum doble cuya portada estuvo presente como telón de fondo durante el concierto. Además, ofrecieron un adelanto en vivo con Gimme Some Moore, tema que incluso trajeron en formato físico 7”, sin autorización de su sello, para venderlo de manera exclusiva en México y Chile. Las copias, como era de esperar, se agotaron rápidamente.coc 31

Las últimas cuatro canciones y la reacción del público ante ellas explican por qué Corrosion of Conformity está donde está. Vote With a Bullet, Mad World, Albatross y Clean My Wounds concentran el ADN del sonido de la banda: ahí es donde encontraron la fórmula que los catapultó a la historia. Fueron los minutos más intensos de todo el set y un cierre a la altura de su legado.

Una vez más, y sin mayor esfuerzo, la banda conquistó Santiago, dejando instalada la esperanza de que su regreso no demore tanto y de volver a verlos pronto en nuestras tierras.