Por Andrés Cornejo
Ante el inminente regreso de la alocada agrupación de Anton Newcombe, Chile se preparaba para su vuelta. La proyección del documental Dig! XX motivó a varios a asistir a Blondie. Sin embargo, Anton aún se reservaba más de lo esperado para su presentación en el recinto de Libertador Bernardo O’Higgins.
Pareciera que los excesos de Newcombe destacaron especialmente en esta visita. Y, si alguien quiere debatir si lo perjudicaron o lo potenciaron, la respuesta es clara: el espíritu del rock n’ roll sigue vivo en su cuerpo, así como en el legado de Brian Jones.
A pesar de ser la última parada de su gira por Sudamérica, comenzaron el show de manera habitual con <<Whoever You Are>> y <<Vacuum Boots>>. Repitieron además el repertorio reciente de sus discos “The Future Is Your Past” y “Fire Doesn’t Grow on Trees”. En comparación con su visita de 2023, no hubo mayores diferencias en este aspecto.
Pero sí resultó “premiado” el disco “Give It Back” para los fans de la vieja escuela, con la inclusión de <<Supersonic>> y <<Servo>>, que sirvieron como un punto de apoyo para los seguidores más antiguos. Estos, sin embargo, también tuvieron que soportar los cambios de humor de Anton, alimentados por los tragos que compartía con Joel, quien le seguía el juego con cierta incomodidad.
Y aunque el tema del alcohol en Newcombe parecía ser cosa del pasado, fue sin duda un impulso evidente en estas presentaciones en vivo. Junto al documental Dig!, esto ayudaba a comprender mejor su personalidad y su estilo de liderazgo. Sin embargo, no había una verdadera sensación de tranquilidad entre el público, mucho menos después de la pelea ocurrida en Australia en 2023.
Ante todas estas incomodidades y los largos tiempos de espera entre canciones, podría decirse que fue una de las presentaciones más ruidosas y caóticas que la banda ha ofrecido en su historia reciente. El ambiente oscilaba entre la expectativa y la tensión: cada pausa prolongada generaba murmullos, y cada arranque del grupo funcionaba casi como un reinicio emocional para el público.
En definitiva, la presentación dejó al descubierto tanto la grandeza como las grietas que acompañan a The Brian Jonestown Massacre. Entre pausas interminables, estallidos de ruido y destellos de genialidad, el concierto se convirtió en un retrato honesto de lo que es la banda hoy: un proyecto marcado por la intensidad y la vulnerabilidad de Anton Newcombe, capaz de alternar entre el caos y la lucidez en cuestión de minutos.
Y aunque nadie sabe qué deparará el futuro —quizás la banda decida terminar mañana mismo—, queda la sensación de haber sido afortunados por presenciar este capítulo, por caótico o imperfecto que haya sido. Para los seguidores más devotos, fue otra pieza en la historia turbulenta del grupo; para los recién llegados, una muestra cruda del precio y el poder del rock sin filtros. Al final, estuvimos ahí, y eso ya es algo irrepetible.





































