Por Diego Ramírez
Fotos por Juan Kattan (@Kattan.ph) y Lotus Prod.
La tercera jornada de Lollapalooza Chile comenzó con una energía inmediata y diversa. Tres propuestas muy distintas abrieron el día, pero con un punto en común: todas invitaban al movimiento. La banda nacional Los Borne desplegó un sonido crudo y directo, donde el folk y lo psicodélico se mezclaban con una sólida base de rock alternativo. Luego llegó la crítica festiva del ska-rock latino de Santo Barrio, mientras que la DJ Miss Javi condujo al público por territorios del techno, melodic y deep house, instalando desde temprano un ambiente propicio para el baile.
La programación continuó con artistas que poco a poco han consolidado su presencia dentro de la escena chilena. Nombres como Hesse Kassel, Anttonias, Cristóbal Briceño junto a Grupo Crisis y Joaquina demostraron la diversidad del circuito actual. También se repitieron proyectos ya conocidos en instancias festivaleras, como Niebla Niebla, cuya propuesta cargada de distorsión y densidad sonora volvió a destacar por su estética desbordada.
Con el paso de las horas, el ambiente adquiría cada vez más el espíritu característico del festival. Personas bailaban mientras caminaban entre escenarios, las risas se mezclaban con fotografías y con las múltiples actividades que ofrecía el recinto. Cada artista encontraba a su propio grupo de entusiastas, mientras muchos asistentes aprovechaban la jornada para descubrir música nueva y experimentar la potencia del sonido en vivo.
Uno de los momentos destacados de la tarde llegó con Bandalos Chinos, que llevaron al escenario su pop experimental, introspectivo y profundamente bailable. Sus arreglos versátiles y sorprendentes lograron convocar a seguidores y curiosos por igual, quienes terminaron entregándose al baile bajo un sol que, a esas alturas, parecía no dar tregua.
Ese mismo calor no fue impedimento para presenciar el show de Claudio Valenzuela, quien junto a su trío se presentó en la cúpula del festival. El músico combinó nuevos sencillos con algunos clásicos de Lucybell, acompañado además por invitados como Zaturno, Princesa Alba y Piero Duhart.
Cuando el sol comenzó a descender, los escenarios ya estaban completamente colmados. Las presentaciones de Marina y Addison Rae convocaron a multitudes que se detenían en cada espacio posible para cantar, bailar y compartir la experiencia con quienes los rodeaban. La emoción era palpable: euforia, alegría y hasta algunas lágrimas se abrían paso entre el público.
La intensidad también se trasladó a otros rincones del festival. Uno de los momentos más esperados fue el show de Lewis Capaldi, donde miles de asistentes corearon sus canciones con entusiasmo desbordado. En paralelo, el escenario alternativo vibraba con la energía punk de 2 Minutos, que desató mosh, saltos y gritos constantes, acompañados por las clásicas intervenciones irónicas de Mosca Velázquez.
Entre escenario y escenario, el festival ofrecía una de sus características más valoradas: la libertad de tránsito para explorar distintos sonidos. Sin embargo, en algunos momentos los espacios destinados al desplazamiento resultaron algo estrechos, dificultando el movimiento entre áreas cuando la asistencia alcanzaba su punto máximo.
El cierre de la jornada evidenció la diversidad musical que define al festival. Mientras Skrillex imponía el peso del electro y el dubstep como uno de los grandes cabezas de cartel, TV Girl convocaba a los amantes del indie nostálgico. En paralelo, Quilapayún recordaba la raíz latinoamericana con su repertorio histórico, RIIZE desplegaba la precisión coreográfica y vocal del k-pop, y Brutalismus 3000 sacudía al público con un techno crudo y contundente.
Entre todos los espectáculos destacó también la impactante presentación de Chappell Roan, quien ofreció una de las puestas en escena más comentadas del festival. Con un público masivo y devoto, cada canción fue recibida con intensidad absoluta: teléfonos en alto, coros multitudinarios y más de alguna lágrima de emoción marcaron un debut que muchos no olvidarán.
La jornada concluyó de la forma que ya se ha vuelto tradición en el festival: con fuegos artificiales iluminando el cielo. Un cierre espectacular para un día marcado por la diversidad sonora, el entusiasmo del público y la sensación compartida de haber vivido una verdadera celebración de la música en vivo.





































