Lo de Deftones es digno de análisis, pasan y pasan los años y el vínculo con la fanaticada nacional crece y crece, cada vez más, como si se tratase de un virus que va infectando a cada persona que se rinde ante la sonoridad de la banda californiana. En su segunda vez en el festival, Chino Moreno y compañía, en versión ampliada, entregaron un show lleno de energía, cautivador y por sobre todo alucinante, desde las capas sonoras, las visuales, el desplante de Moreno y la complicidad del público, hicieron toda una amalgama hipnotizante para quien estuviera en frente del Banco de Chile Stage.

Desde el demoledor comienzo con “Be Quiet and Drive”, la máquina se echó a andar y no se detuvo más, intercalando grandes éxitos y tracks pertenecientes a su elogiado último disco “private music” (2025). “Diamond Eyes” y “Rocket Skates” se hacían gigantes con una fuerza inaudita debido a que todo el parque saltaba al unísono, en pleno trance.

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Hubo momentos de intimidad con “Sextape”, “Change (In The House of Flies)» y “Cherry Waves”, así como también sorpresas como la infravalorada “Hole In the Earth”. El final debía ser apoteósico, por lo que “My Own Summer” y “7 Words”, con bengala incluida, terminaron por coronar una presentación perfecta, dejando a Deftones en lo más alto en cuanto a presentaciones rockeras en Lollapalooza. Las pruebas y evidencias ya están sobre la mesa, ya es momento de un Movistar Arena o un Estadio Bicentenario de La Florida, porque la banda ya se le hicieron chicos todos los escenarios del país.