Por Ignacio Bataller

Fotos por Juan Kattan – Kattan.ph

Uno de los conciertos mejor armados finalmente se concretó: la unión perfecta entre banda y recinto. Tribulation, que atraviesa un gran segundo aire en su carrera, llegó a Sala RBX, un venue ideal para el metal gótico extremo en el que el grupo se ha movido en sus últimos lanzamientos. Lo que se vivió anoche fue una oscura misa de iniciación a su mundo y a su sonido.

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Tras la apertura de puertas a las 19:30 hrs, apenas media hora después Nox Terror fue el encargado de dar inicio a esta gran ceremonia. La banda nacional de black metal, que el año pasado lanzó su EP Mortis Vocatio, presentó un set enfocado en lo mejor de su catálogo y dejó en evidencia el gran momento que atraviesan en términos de performance y puesta en escena. Una elección más que acertada para abrir la jornada: riffs cargados de furia que no dieron tregua a quienes llegaron temprano al lugar.

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A eso de las 20:54, apenas unos minutos antes de lo previsto, Johannes Andersson y compañía volvieron a pisar un escenario chileno. Desde el arranque, con las primeras notas de The Unrelenting Choir, quedó claro que el show de Tribulation traía un ingrediente especial incluso antes de comenzar: en la batería no estaba Oscar Leander, integrante desde 2017, quien no pudo sumarse a esta gira. En su lugar apareció un reemplazo de lujo: Luana Dametto (Crypta).

tribulation 01A ese cambio se sumó la presencia del ex-Enforcer Joseph Tholl en guitarra, haciendo que esta formación se sintiera casi como un supergrupo. Pese a algunos inconvenientes técnicos en la guitarra de Adam Zaars, la presentación siguió adelante sin mayores sobresaltos. El público respondió con entusiasmo total, disfrutando cada instante y cada canción, tarareando con la devoción de un concierto de Iron Maiden o cualquier banda de estadio. Hubo energía de sobra y también espacio para el baile cuando llegaron los pasajes más góticos.

Tainted Skies, Nightbound, The Lament, Melancholia y Strange Gateways Beckon fueron parte de un set de 12 temas, cercano a la hora y veinte minutos, en el que no hubo tregua: todo fue directo, una tras otra, mostrando la versatilidad del sonido actual del grupo. Esa evolución se sintió con fuerza: desde un death metal más melódico hacia un rock gótico de corte clásico, con ecos claros a The Sisters of Mercy.

La RBX fue el escenario perfecto para este reencuentro, que vino a saciar el hambre de la fanaticada más fiel tras años de ausencia. Y aun así, la sensación final fue inevitable: dejó con ganas de más.